lunes, 6 de mayo de 2019

ESTA NOCHE EL AGUA CAE A GRITOS




Había cubierto todos los espejos, había sacado todo ángel o figurita que se enclavaba en las esquinas, porque ahí dicen que nos vamos cuando partimos de este mundo. Tenía que dejarte ir, no quería prisioneros en mi casa.
El sepelio no había estado de lo mejorcito, mucha vieja llorona, y yo, que sólo quería masticar mi tristeza en solitario. Tantos sobajeos de espalda, tantos "cualquier cosa que necesites cuenta conmigo"...Que odiosa suele ser la gente a veces.
Por fin, después de tantos cuchicheos y desfiles desde el comedor a la cocina en busca de café, por gente a la que ni conocía. Me dejaron en paz, en el silencio abrumante pero necesario; La cabeza me daba vueltas, puede que entre copita y copita ofrecida se haya hecho el litro de vino.
Afuera, llovía copiosamente, hace un par de minutos se había largado con todo. Que relajante era oír el golpeteo del agua en los cristales del ventanal. Me había ovillado en el sofá, donde pasábamos horas y horas, discutiendo de películas o simplemente, disfrutándonos sin palabras, con los dedos entrelazados bajo la frazada. Sucedía que era una de esas noches en la que se necesita de compañía, y tú no estabas aquí.
Mis ojos no te lloran, nunca te llorarán. Sólo que te sufriré como dije que lo haría el día llegado, desde el alma (en caso de que exista).
Nunca sentí tanto frío como hoy, me atravesaba los huesos, me taladraba en lo hondo del tuétano.
Te amo, te seguiré amando hasta cuando ya ni el recuerdo de tu sombra me quedé.
Me sumí entre sueños y pensamientos y al abrir los ojos, estabas a mí lado, recostado. (Nos acomodábamos como se podía en el viejo sofá). Estabas a mi lado, aún era de noche, aún llovía. Pero estabas junto a mí, y no sé porque.
Lo descubrí a la mañana siguiente cuando el estridente grito de la señora que venía los Viernes a limpiar me sacudió hasta la última molécula. Me miraba extrañamente asustada, con los ojos brillosos y con una mano tapaba su boca.
Quise quedarme contigo para siempre, ahora vivimos en la habitación cerrada que servía de bodega y nos movemos de aquí para allá, con ancha libertad, tenemos la vía. El espejo que oculto entre cajas y catres desarmados, se me olvido cubrir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario