Avanzaba a través de la
noche, en el silencio, la luna lo guiaba a través del solitario camino.
Entonces oyo una carcajada dantesca que lo ocupó todo, su piel se erizó. Detuvo
el paso y allá a lo lejos, entre mar de árboles pudo adivinar figuras, más que
figuras eran sombras irreconocibles, que comenzaban a acercarse, tratando de
rodearlo y atraparlo; Consiguió zafarme entre tirones pero aquellas sombras lo
siguieron y a la luz de la luna pudo notar que todas se le parecían. Para
sobrevivir a aquella pesadilla, golpeo a muchos de sus fantasmas; Ya corriendo
en dirección opuesta a lo que en principio era su rumbo, en la lejanía los ecos
de risas lo golpeaban junto con el frío viento, hasta que cesaron, entonces
supo que ya todos sus miedos habían dejado de seguirlo y al fin pudo recuperar
el silencio.
martes, 14 de mayo de 2019
PALACIO DE CUERVOS
Estaba cansado y con la
expresión de siempre. ¿Cuánto llevaba así, consumiéndose en la certeza del
sinsentido de este juego?
Entró al baño, se miró al
espejo, y ahí estaba el mismo rostro devolviéndole la mirada; Compañeros inseparables,
su reflejo y él, mostrándose entre compasión y burla.
Con precisión en sus
movimientos y las manos y después la cara –quería estar presentable para el
último acto de la función-.
Vagando sin aliento por
su propia mente, cayó al precipicio de su nostalgia, y en esa fría y silenciosa
noche, olvidándose de la distancia, decidió convertirse en el fantasma de sus
recuerdos, enredándose entre palabras carmesí, nunca se sintió más vivo que
cuando ya se le cerraban los ojos y despertaba en su única realidad: la de los
muertos.
miércoles, 8 de mayo de 2019
LAS GARRAS DEL DIABLO (HARPAGOPHYTUM)
Lo
supe desde el último segundo en que te sentí, las cosas se venían desde hace
algún tiempo; Yo te observaba con mis ojos, perdidos en ti, en tus manos, en tu
cabello, en tu voz. Tú, me mirabas vacío.
Te
sujete con dedos temblorosos y ya no eras, mi lágrima no alcanzo a rozarte. Mis
labios te pronunciaban locos pero ya no estabas, bajé la cabeza y sólo me
quedaron un montón de recuerdos, manchados en tinta, sangre y sueños que nunca
se cumplieron.
Los
atardeceres que predecían noches de eterna angustia, me aplastaban, me
sofocaban…Debía ir, tomar camino y verte, aunque eso me significará el golpe
que no quería recibir. Nunca me atreví a deambular por esos lugares, no
conocía, pero agarré marcha y con el torbellino en mi interior, fui.
Quería
encontrarte solo, porque enfrentarte ya me ponía nerviosa, pero que hubiesen
más mirándome me volvería irritable. Me acerqué y el cuchicheo no tardo en
llegar a mis oídos, a los que hice, caso omiso.
“Debió
odiarlo mucho, siempre le trae esas horribles flores, pero es extraño, las
antiguas no las tira, se las lleva con ella”.
Una
vez me dijiste bromeando, cuando aún no sabíamos de tu enfermedad: “No tendré
tumba, pero en el caso que la tuviese, llévame las flores más horribles que
encuentres”, no pregunte el porqué, ya sabía la respuesta.
Y
agregaste que cada vez fuera de visita, me llevará conmigo las flores podridas,
así siempre tendría un poco de ti.
Y
así fue por aniversarios de aniversarios, hasta que llegó el día en ya no pude
ir. Ahora, desde esta insania que a ratos luce cuerda, me pregunto tristemente:
“¿Tendré que seguir preocupada por si alguien sabe el secreto de los dos? O
¿estarás observándome desde ésas del jardín?”; Y así pasan mis pocos días pensando
con constancia cuando veo a las horribles y olvidadas que nadie más quiere
cuidar en el huerto de este asilo, ya que a los que se han atrevido a hacerlo,
se los ha llevado con ellas hasta las profundidades en donde tú esperas con
olor a fantasma.
lunes, 6 de mayo de 2019
ESTA NOCHE EL AGUA CAE A GRITOS
Había cubierto todos los
espejos, había sacado todo ángel o figurita que se enclavaba en las esquinas,
porque ahí dicen que nos vamos cuando partimos de este mundo. Tenía que dejarte
ir, no quería prisioneros en mi casa.
El sepelio no había
estado de lo mejorcito, mucha vieja llorona, y yo, que sólo quería masticar mi
tristeza en solitario. Tantos sobajeos de espalda, tantos "cualquier cosa
que necesites cuenta conmigo"...Que odiosa suele ser la gente a veces.
Por fin, después de
tantos cuchicheos y desfiles desde el comedor a la cocina en busca de café, por
gente a la que ni conocía. Me dejaron en paz, en el silencio abrumante pero
necesario; La cabeza me daba vueltas, puede que entre copita y copita ofrecida
se haya hecho el litro de vino.
Afuera, llovía
copiosamente, hace un par de minutos se había largado con todo. Que relajante
era oír el golpeteo del agua en los cristales del ventanal. Me había ovillado
en el sofá, donde pasábamos horas y horas, discutiendo de películas o
simplemente, disfrutándonos sin palabras, con los dedos entrelazados bajo la
frazada. Sucedía que era una de esas noches en la que se necesita de compañía,
y tú no estabas aquí.
Mis ojos no te lloran,
nunca te llorarán. Sólo que te sufriré como dije que lo haría el día llegado,
desde el alma (en caso de que exista).
Nunca sentí tanto frío
como hoy, me atravesaba los huesos, me taladraba en lo hondo del tuétano.
Te amo, te seguiré amando
hasta cuando ya ni el recuerdo de tu sombra me quedé.
Me sumí entre sueños y
pensamientos y al abrir los ojos, estabas a mí lado, recostado. (Nos
acomodábamos como se podía en el viejo sofá). Estabas a mi lado, aún era de
noche, aún llovía. Pero estabas junto a mí, y no sé porque.
Lo descubrí a la mañana
siguiente cuando el estridente grito de la señora que venía los Viernes a
limpiar me sacudió hasta la última molécula. Me miraba extrañamente asustada,
con los ojos brillosos y con una mano tapaba su boca.
Quise quedarme contigo
para siempre, ahora vivimos en la habitación cerrada que servía de bodega y nos
movemos de aquí para allá, con ancha libertad, tenemos la vía. El espejo que
oculto entre cajas y catres desarmados, se me olvido cubrir.
miércoles, 17 de abril de 2019
LAS NOCHES DEL OLVIDO
La
recuerdo así entre niebla, yo tendría unos 6 ó 7 años, pero recuerdo esa voz
que vuelve a sonar rasgando mis noches, esos ojos que intentaban averiguarme y
esos labios que me pronunciaban a ratos como queriendo devorarme y fundirme a
su interior.
Yo
tendría unos 6 ó 7 años y recuerdo sus paseos nocturnos por los pasillos
silenciosos de su casa vacía, y donde ese silencio de sus noches en vela le
pesaba demasiado. Y la recuerdo como un cuerpo tembloroso, hecha de un suspiro
eterno, tejiéndose la vida desde dentro hacia afuera, compenetrada en una
tristeza inexistente, entre mil horas y mil días, reviviendo de una muerte
olvidada y una vida miserable.
La
recuerdo así entre niebla, yo tendría unos 6 ó 7 años, pero la recuerdo envuelta
en sus negros, antiguos y pesados ropajes, llevándome de la mano por todos los
recovecos oscuros que en un alma en pena puedan existir, me llevaba
anticipándome a mi destino.
"La
vida transita en muchos mundos y éste es el mío..." me dijo mostrándome un
lugar estrecho y grisáceo, donde languidecía eternamente, abandonada ante un
espejo junto a los últimos retazos de luz que se encendían en el horizonte para
luego agazaparse en las noches del olvido, con todas las lágrimas del universo,
aferrada como luna al mar.
La
recuerdo así entre niebla, yo tendría unos 6 ó 7 años, pero recuerdo la última
vez que la vi cuando trataba de desaparecer de mi memoria con el rocío de la
mañana, mientras el roce contra el suelo de sus faldones manchados de orgullo y
pasiones, me hicieron verla como jamás la había visto, azul y distorsionada,
distante, construida de gritos y con el cráneo abierto, una total pesadilla que
no me dejó dormir durante años. Yo tendría unos 6 ó 7 años, pero aún me queda
su huella marcada en mi razón y en mi corazón.
...Y
así fue como conocí a mi madre, que encerrada tras esa puerta que me
prohibieron abrir, esperaba por mi, para mostrarse y mostrarme de donde
veníamos; el mismo lugar, una junto a la otra, difuntas mancilladas,
compartiendo el mismo aire nauseabundo bajo la pesada losa de mármol de aquella
maltrecha tumba escondida entre la maleza del jardín de la gran casona
abandonada que estaba a días de ser demolida para dar paso a un moderno
edificio de departamentos.
martes, 9 de octubre de 2018
EL DISTANTE CONSUELO
Se acercó a la ventana, casi al
borde de la cornisa, esa fue la última vez, que vio el antejardín...
Corrían los años 60, era una familia
acomodada la que acaba de llegar al barrio, quizás la más pudiente de las que
por esos lados existían. El padre poseía una empresa importadora de productos
europeos, los que luego comercializaba en la zona; Su señora esposa sólo se
dedicaba a la beneficencia y a asistir a sus hijas en sus clases particulares.
Bernardita era la mayor, de larga y ondulada cabellera, que brillaba como el maíz
bajo la luz, ojos transparentes dignos de una oceánida, de voz dulce y muy
femeninos modales, como se les suele educar a jovencitas de esa alcurnia.
Isabel, la del medio, tal a su hermana mayor, pero aún se encontraba en proceso
de reconversión. Y por último, estaba Clara, la menor, la “vergüenza” de la
familia. La pobre niña había nacido con problemas psicomotrices y de
aprendizaje, podría decirse que estaba en la categoría “idiot-savant”.
En los primeros años, Clarita, como
le decían, corría de aquí hacía allá, a sus anchas, sin prohibiciones que luego
con el correr del tiempo le fueron impuestas. Duras prohibiciones, sobre todo
cuando no se comportaba ni se mantenía en su papel de “niña bien”, en eventos
sociales. La madre y las hermanas no sabían como contenerla, Papá, no se metía
mucho en cosas de ese tipo, ya bastante ocupado andaba con sus negocios.
Al llegar los castigos, ella no entendía
que había hecho mal, no comprendía porque la trataban así. Sólo lloraba en
silencio, encerrada en la habitación, mientras oía música y risas de lo que se
celebraba en el piso superior.
Cierto día, todo cambio, pero para
peor. Ya, Bernardita estaba pronta a sus 15 años, edad en que son presentadas
en sociedad. Se le había confeccionado un vestido espectacular, el salón en que
se celebraría estaba de punta en blanco, hasta el caballero designado se había
elegido con cuidado. Todo estaba impeque, como se dice.
Clara, del momento en que vio al
acompañante Bernardita, no pudo contenerse en su asiento. Sus torpes pasos se
enredaron en el vestido de su hermana, y ésta cayó de bruces provocando el
espanto y sorpresa de las señoras presentes. La madre agarró fuertemente a
Clarita del brazo, y entre sonrisas avergonzadas la llevó fuera del lujoso
recinto, la empujó dentro del automóvil familiar y ordenándole al chofer que la
llevará hasta casa, no espero que el vehículo se alejará, entró apresuradamente
de vuelta al salón. En la mansión, Clarita fue recibida por una de las criadas,
la más vieja y quien le tenía bastante compasión. La mujer la baño y le puso
ropa limpia.
Horas más tarde llegó el resto de la
familia, la madre corrió escaleras arriba a enfrentar a su hija menor...Clarita
quien en esos instantes jugaba con su muñeca favorita, tuvo que soltarla al
verse zamarreada por su madre. Por esa carita con evidentes rasgos de vergüenza, resbalaron varias lágrimas, y
entre su “estupidez” lograba dar explicaciones entrecortadas por su voz
gangosa. No hubo miramientos.
Desde esa tarde, la hija menor de la
familia de apellido extranjero, fue confinada a una habitación que se le preparó
en lo alto, la buhardilla. Ya no hubo apariciones ni en sociedad, ni familia;
Aunque si breves visitas de sus hermanas, la madre (de vez en cuando), el padre
(casi nunca) y la que permanecía siempre a su lado era la vieja criada.
Clarita desde su única visión del
mundo exterior, observaba como el que había sido el acompañante de su hermano
en el trágico evento, ahora se convertía en una especie de novio.
Ella sabía sentir más que los demás,
lo que le hacía poner impotente era el hecho de no poder comunicarse, de
expresar sus ideas fluidamente. Pensaba que la única en entenderla era
Domitila, la criada fiel. La sentía por las noches acercarse a su cama y
arroparla, acariciarle el cabello con amor de madre. En ese encierro paso otros
tres años. Tres eternos años, y cada vez en su interior se acumulaba
experiencia, experiencia que le era entregada por los pocos libros que en un
estante al otro lado de la buhardilla descansaban, por sus observaciones y
extensos análisis que le hacía a los diversos bichitos que pululaban por ahí.
La primera vez que trató de sentir
algo más que encierro, abrió la ventana de par en par, se acercó a ella y cerró
los ojos; Pero desde abajo le observaron con horror, creyendo que “la tontita”
(como ya había escuchado antes referirse a ella), se lanzaría...Le clausuraron
la luz, esa fue la última vez que vio su antejardín. Le fue fácil atrapar ese
cuadro con tantos colores, pues era primavera.
...Esa casona fue pocas veces
habitada luego de la muerte de todos los
miembros de la familia. Los que allí moraron, dicen que dentro se sentía un frío
horrible, aún puesta la calefacción al máximo. Pero lo más desesperante de
vivir allí, era esa tristeza infinita impregnada en los muros, esas sensaciones
de abandono y soledad...Dicen que una vez, vieron a una niña que desde lo alto
de la escalera le saludaba sonrisa en rostro inocente.
viernes, 31 de agosto de 2018
MALEVOLYUM
(Este
relato es un amigo muy querido, al cual no le fue posible compartirlo por otra
red social)
Llegaba
yo a Catemu, cruzando en mi motocicleta el largo puente sobre el río Maipo,
recordando los peregrinajes nocturnos de muchos años atrás de los pueblerinos
que decían que en la rivera del río se aparecía la Santa Virgen. Casi llegando
al final del puente mi vista se concentró en un agitado árbol del que cayó un
quejumbroso hombre, inmediatamente cambié de dirección y bajé al lecho del
Maipo en donde encontré a un adolorido tipo chapoteando en el barro con una
cuerda atada al cuello.
-
¡Pero qué pasa, hombre! ¡¿Qué se supone que estás haciendo?! - Le increpé al
desconocido, un flaco de alrededor de 50 y tantos años a quien le extendí la
mano para ayudarlo a salir del barro. El hombre se levantó, me abrazó y comenzó
a llorar a gritos. Le quité la soga del cuello y traté de calmarlo. Entre
sollozos de él y mi completo mutismo nos sentamos a la sombra del mismo árbol.
El sol del verano quema incluso a las once de la mañana en el valle central, el
viento hace silbar a los árboles y la brisa trae el frescor de las aguas del
Maipo; ante tan bucólica postal le pregunté, cuando ya estaba más calmo el
individuo, que lo motivó a tan drástica decisión, él clavó sus ojos grises en
mí, se sonó con la manga de la sucia camisa y esto es, palabra por palabra, lo
que me contó.
"Me
llamo Rubén Espinoza, pero todos me conocen por El Gran Rubensini, a lo mejor
usted ha escuchado de mí, porque soy brujo y alguna vez mi anuncio aparecía en
el diario, en esas páginas donde se anuncian las putas, es que era lo más barato...
la verdad no creo que me conozca, al final que nadie me conoce.
Yo
soy oriundo de Salamanca, pero allá todos son brujos, así que mejor me fui a la
capital a probar suerte. Allá fue que publiqué mi anuncio ¡Pero hay tanta
competencia y la vida es tan cara! Con suerte atendía a viejas que lloraban pa
que sus esposos volvieran a la casa, que querían amarres de amor y esas
tonteras, pero como nunca me resultaban bien los hechizos de amor cada vez
escaseaba más la clientela. Pero una vez si resultó un amarre y la iñora que me
lo encargó me dejó venirme a vivir en una casita suya en este pueblo de mierda,
y como era gratis me vine, poh.
La
cuestión es que acá la gente es muy beata y casi no se atreven a contactar a un
brujo, de hecho casi me echaron cuando dije a qué me dedicaba, aunque les
expliqué que hago pura magia blanca. Así y todo llegaban puras cabras chicas
pidiendo elixires de amor, pero ya le dije que esa payasada a mi no me sale
bien. Pucha, la pega iba mal y hay que comer...
Un
amigo brujo de allá de Salamanca me dijo que mejor me invocara un demonio así
como pa los mandados; él me contó que se había pedido uno que le concedió tres
deseos y por eso ahora vive a la pinta, con una buena mujer y con la media casa
allá en mi pueblo. Yo me entusiasmé, pero le pregunté si eso no era malo, si no
me iba a ir pal infierno después, pero me dijo que no pasaba ná, si ni siquiera
había que entregar el alma, que sólo es un truco de brujos en que los demonios
quedan presos por un rato y están obligados a cumplirle a uno. La cosa es que
me enseño el hechizo de invocación y así lo hice.
El
año pasado, en la noche de San Juan, que no sé si se acuerda que llovía a
chuzos, hice lo que mi amigo me dijo, no le voy a decir los detalles pa que
usted no lo vaya hacer, aunque usted no es brujo, pero igual. Bueno, hice lo
que tenía que hacer y no me va a creer que altiro tocaron la puerta, yo abro y
me encuentro un pergenio chico pilucho todo mojado que tiritaba de frío que me
dijo: "Tú pediste, tú obtuviste". Yo lo entré padentro, se veía bien
normalito, como un cabro chico de 10 o 12 años; dijo que se llamaba Alcocer y
que estaba a mi disposición, que pidiera con sabiduría. Yo le serví un mate caliente
y le pasé de mi ropa pa que se abrigara mientras pensaba. Obviamente lo primero
que pedí fue plata. "Espera y verás" me dijo el demonio chico y yo me
largué a reír y me dormí
Cuando
desperté pensé que a lo mejor había soñado todo yo, pero Alcocer estaba sentado
en los pies de mi cama y me dijo: "Hecho". Vamos a ver, dije yo y salí
pal centro del pueblo a revisar el Kino que había jugado el otro día ¿Me va a
creer que me lo había ganado yo solito? ¡57 millones de pesos! Partí soplado a
Santiago a cobrar el manso premio, pero cuando iba en el bus me llama mi
hermano Fabián pa decirme que mi mamita se había muerto... Al final la plata
sirvió pa darle un buen entierro a mi viejita, pa pagar unas deudas de mi
hermano y pa arreglarles la casa que estaba bien pal gato. Volví como con doce
millones a Catemu.
Al
llegar a la casa se me ocurrió pedirle al demonio que resucitara a mi mamita,
pero me explicó que esas cosas no se podían hacer, pro que si yo quería me
mataba a alguien, pero ¿a quién voy a querer matar yo?
Pasaron
los días y yo pensaba en qué más podía pedir. Llegó la primavera y yo veía a
los cabros pololeando que pasaban de la mano y se besuqueaban en la plaza y se
me iluminó la ampolleta; fui y le dije a Alcocer que quería encontrar al amor
de mi vida. "Hecho" dijo el pergenio y escuché un bocinazo en la
calle, me asomo a la reja y era una mujer en un auto que andaba perdida. ¡Fue
amor a primera vista, oiga! ¡Sarita se llamaba! Gordita de ojos chinchosos,
coloradita y buena pa reirse, nos pusimos a conversar ahí mismo y como pasaba
la hora la invité a almorzar; me contó que era de Los Andes y que nunca había
pasado por Catemu, que era viuda sin hijos y que estaba saliendo de una
depresión y que había venido pacá por un negocio y que no resultó. Conversando
y conversando se nos hizo de noche "No me quiero ir pa mi casa" me
dijo ella y me chantó el manso beso, nos fuimos pa la mía y yo pensando en cómo
le explicaba quien era el chiquillo que tenía conmigo, pero cuando llegamos
Alcocer no estaba. Nos fuimos pa mi pieza y empezamos a hacer el amor,
estábamos de lo mejor cuando la Sarita grita "¡Fuego!" ¡Se me estaba
quemando la casa! Apenas alcanzamos a ponernos ropa y salir y la casa que se
cae entre las llamas. Quedé con lo puesto.
Sarita
me dijo que me iba ayudar, pero que tenía que hacer unos trámites en Los Andes
y en Santiago, me ofreció que me fuera con ella, pero no quise, le dije que iba
a ver que hacer y que la esperaba cuando se desocupara; me dio un beso y
partió. Apenas se fue apareció el pergenio detrás de un árbol medio
apesadumbrado, se veía re cómico con mi ropa que le quedaba grande, pero que me
iba a reír si me quedé sin casa. ¿Qué pasó? le pregunté a ver si sabía algo, me
dijo que estaba medio preocupado, como que algo le latía mal, me preguntó si
quería otra casa, le dije que no, que quería guardar mi último deseo. Al final
que me compré una casa chiquitita por 8 millones y ya casi no me estaba
quedando plata.
Sarita
volvió y el cabro chico se perdió de nuevo. Hablamos del futuro, de que
podíamos vivir juntos, ella me dijo que feliz, pero que tenía que arreglar
cosas, vender su casa, dejar su negocio en orden y se venía conmigo a fin de
año ¡Yo estaba más feliz que la cresta! Sarita venía todos los fines de semana
y lo pasábamos chanco, pero de un día pal otro se empezó a poner mal. Fue a ver
médico y le encontraron cáncer terminal al útero. Apenas supe salí a buscar a
Alcocer por ahí y apareció detrás de unas zarzamoras. Le pedí, como último
deseo que me sanara a mi Sarita, lo vi como nervioso y le pregunté qué pasaba
"Tengo miedo de cumplirte" yo lo quedé mirando no más "Soy un
demonio menor, no manejo cohortes ni nada, estoy en vías de ascender; se puede
tomar esto como un aprendizaje para mí, pero me he dado cuenta que tengo un
problema que a algunos demonios nos pasa y se llama Malevolyum y resulta que
por cada deseo se agrega una catástrofe..." Yo no sabía que decirle, pero
me daba lo mismo, si lo que quería era que mi Sarita se sanara, si se me
quemaba de nuevo la casa me importaba un pepino ¡Yo quería a mi Sarita bien y
conmigo! Insistí y el volvió a decir "Hecho".
Al
otro día salgo a regar las plantas del jardín y llega el auto de la Sarita,
ella se baja corriendo y me dice que pasó un milagro, que ya no tenía cáncer,
que estaba sanita... ¡Puta, la alegría pa grande, oiga! Pero no duró mucho,
llegó justo Carabineros a buscarme, mi hermano hizo una estafa con mi nombre
¡Estaba endeudado hasta las recachas! No me fui preso, pero en el juicio igual
se me hizo responsable y me quedé sin plata y pa peor la vieja que me había
pasado la casa que se quemó se enteró del incendio y me la cobró, mi Sarita me
dijo que me pasaba plata, pero yo no quise, además que ya estábamos a punto de
empezar a vivir juntos, ya todo iba a estar bien. Partió ella pa traerse todas
sus cosas en un camión, eso fue un lunes, el viernes llegaba con camas y
petacas.
Alcocer
apareció bien demacrado "¿Ves lo que sucede? Cada deseo tuyo atrae
males" Yo le pregunté si me podía dar un último deseo como compensación
por los tres que trajeron cola, él lo pensó un rato y se sonrió "Siendo un
deseo fuera del canon no debería producirse Malevolyum ¡Pide, pues!" Ni
tonto le pedí altiro que me sacara las deudas, que nunca más me llegaran deudas
y que no volviera a tener problemas económicos. Esa misma tarde me llegó una
carta del juzgado diciendo que se había arreglado el entuerto y que incluso me
iban a devolver la plata, al otro día me llaman por teléfono de Salamanca pa
decirme que un tío que no veía en año se había muerto y que me tocaban unos
animales; con eso animales se hacía la plata pa pagarle la casa a esta otra
señora ¡Todo bien!
Alcocer
se despidió de mi feliz y en un parpadeo desapareció de mi vista.
El
viernes estaba yo esperando a mi Sarita... No llegó. En las noticias contaban
de un tremendo accidente de un camión con un Tur Bus que chocaron cerca de Los
Andes, sólo una fallecida... Mi Sarita murió decapitada en la cabina del
camión... ¡El mundo se me vino abajo! Yo quería puro morirme. Me dejé caer en
el piso de mi casa llorando y escuché detrás mío una voz que conocía
"¡Perdón, perdóname, por favor!" Me di vuelta y quise ahorcar al
enano maldito, pero él me contuvo y mientras desaparecía me dijo: "Este
don que te doy me cuesta mi existencia. No pude satisfacerte bien, pero entrego
mi vida por la tuya. Vivirás eternamente y espero que puedas rehacer tu vida.
Yo ya no seré más ni en este plano ni en ningún otro. Me despido para
siempre". De primera no entendí que fue lo que me dijo, pero yo no quería
vivir ¿Para qué? Sin Sarita me siento vacío... Me traté de cortar las venas, o
sea, lo hice, pero solitas las carnes se juntaban ¡Mire, tengo la cicatrices de
las cuatro veces que lo hice! Ahí me di cuenta que el demonio ese me regaló su
vida, pero pa mi esa es una maldición, porque al menos muerto me juntaría con
mi amada Sarita. ¡He intentado todo! Desde tirarme al río hasta acostarme en la
calle cuando pasan los buses, pero nada, apenas machucado, ni siquiera
fracturado ¡Nada resulta! Ahora trataba de ahorcarme y la rama del árbol se
vino guarda abajo... ¡Pero a lo mejor con usted la cosa cambia! ¡Mire, aquí
ando con el cuchillo! ¿Porqué no me corta el cuello a ver si así me
muero?"
Yo agarré mi moto y subí
a la carretera mientras aquel hombre me gritaba que volviera a ayudarle.
Finalmente me devolví a Santiago, mi cometido estaba cumplido; la revista en la
que trabajo me había encargado visitar a un famoso brujo de Catemu que decía
que había hecho un pacto con el diablo y que había enloquecido cuando su mujer
lo abandonó por otro brujo, pero ésta historia es mil veces mejor ¿O no?.
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