martes, 14 de mayo de 2019

NOCHES DE BLANCO PAVOR




“Quizás comprendiste ya que los fantasmas
son invisibles porque los llevamos dentro”
(Marguerite Yourcenar)


Allá en la noche crecían ojos, mientras las calles apenas me soportaban, mientras me recortaban los bordes, y fue ese dolor que me trajo de vuelta a mi vida transparente, con las piernas hundidas en el barro y los dientes rotos.
“…Y los golpes me mezclaron los recuerdos, donde todo era espeso y mugriento en aquel rincón de la casa oscura, donde también el silencio deformaba mis pasos que se oían huecos. Desconocía del cómo había llegado allí, maldije mi memoria.”
Era noche de luna, y seguía temblando mientras el barro se me secaba en el cuerpo, la sangre que chorreaba de mi boca se había convertido en una costra molesta, y me repetía a mi misma a modo de tranquilizarme “sigo aquí, sigo aquí…” Saliendo de mi estupor me obligue con violencia a recuperar el aliento en ruidosos e histéricos resuellos, a limpiarme los ojos tan llenos de sombras. Las luces de la ciudad estaban lejos, muy lejos, y no lograba distinguir el camino de vuelta.
Me dije que era un juego, mientras era conducida de forma inexorable al laberinto de mi angustia; “Sigo aquí, sigo aquí”, se tranquiliza.
“…Una mujer me miraba desde el otro lado del pasillo, una mujer desconocida, la ampolleta que colgaba de una viga del techo, parpadeaba y a ratos, me dejaba adivinar las formas de aquella imagen de belleza maldita. Esos ojos parecían dos espejos sin fondo, y sus cabellos rojos eran removidos con la nocturna brisa invernal que se colaba por las rendijas de la pared. Mi mente se encendió, y pude darse cuenta donde me encontraba. Había escuchado tantas historias que se tejían en torno a ese lugar, la bella, antigua y desmembrada casona en las afueras de la ciudad, empotrada en medio del bosque, a kilómetros de la carretera.”
Olía muerte, a su muerte. “Sigo aquí, sigo aquí”, me tranquilizo. El frío me había entumecido y me daba malestares a destiempo, miré el cielo mientras ese viento de madrugada corría la luna de su lugar, parecía una noche que pedía clemencia, pero no la otorgaba. Olía a dolor, a vacío, a nada. Otra pregunta brotó de mis labios secos, “¿el amanecer me encontrará despierta, me encontrará viva?”. Inmóvil me mantuve unos minutos, comenzaba a llover nuevamente.
“…No había luz que mejor la recortará, ¡¿dónde estás hoy, detrás de qué pared puedo encontrarte?! Grite mientras manoteaba el silencio. Una tallada puerta de madera que se incrustaba en la parte frontal, ¡por ahí había entrado!, y ahora podía verlo con claridad en los espejos de mi memoria. Lloré, arrodillada, con las manos y la cara pegadas al suelo.”
Soñaba otra vez, pero al abrir los ojos volvían los gritos sin consuelo; aún trataba de encontrar el camino al hogar, aún trataba de adivinar algo en ese paisaje callado. Mis dientes rechinaron ausencia de rabia “¿Qué hago aquí, cuándo voy a morir?”. Una brisa helada comenzó a trepar viscosa por mis piernas desnudas y heridas, di un salto, la brisa se retiró. La extraña quietud del lugar empezó a hacerse latente, había un olor púrpura en el aire, metálico.
“…Con dificultad pude avanzar unos cuantos pasos, y ahora aquella mujer, era figura pasmosa, fantasmal sin consistencia, me arriesgue, necesitaba saber quién, por qué y para qué. Cuántas veces había esquivado esa casa por miedo a tropezarme con los espantos que decían allí, habitaban. Un espanto, eso es, me dije sonriendo. Pero en el fondo de mi corazón, la respuesta era otra.
No era primera vez que se me interponía en el camino, ni tampoco lugar exclusivo; Ya la había descubierto de niña, entre las sombras de mi habitación consumida en lo eterno de mis latidos, de las mejillas insensibles por los castigos de mi madre. Ya había sentido la fría caricia con que mi piel se erizaba, y con mis pupilas inyectadas de vacío, por fin le contaba a nadie lo que me dolía.
Una carcajada me hizo temblar, así me di cuenta que alguien me estaba soñando.”
Había caído derrotada por la noche, y ahora me arrastraba por las piedras con una sensación de libertad, de ridícula libertad. Anhelaba las brumas mañaneras pero el tiempo descansaba como un animal muerto, nada me había resultado tan lejano nunca. La noche me había atrapado entre demonios, tan muertos como si nunca hubiesen amado pero a la vez tan amados como el odio mismo. El corazón me latía lento, muy lento, y aún no podía escapar de esa trampa. Brotó el llanto profundo, y supe que era el alma que se me escapaba por los ojos. Las manos se me desarmaron frente a un furioso viento y es tanta la pena que no vale ni el instante en que respiro, la distancia me astilla y el funesto ataque no se hizo esperar.
“…El fantasma me tenía atrapada en un abrazo mortal, mientras me ofrecía sus labios con voluptuosidad, y ese beso empezó a transformarse en una sentencia de muerte para mí. Y en medio de mi agonía horrible y eterna, detrás del espectro pude distinguir unos brillantes ojos que me hablaron del horror y de todo el encierro que en esa figura fantasmal existía. Ella era un pasillo repleto de puertas y había abierto la equivocada, hace años de eso.
Noches de blanco pavor, una tras otra, que representaron mi espectáculo de aullidos, en un pasado que estaba muerto y todo en el estaba muerto. Y se da cuenta, más bien, es ese olor lo que evita que se le borre ese viejo recuerdo, esa vieja película, en que las dos pasábamos las tardes entre vientos y lloviznas, columpiándonos en el jardín, corriendo a pies descalzos sobre la húmeda hierba; Tarde para saber que habitábamos en la oscuridad más profunda.”
Y el funesto ataque no se hizo esperar, una pelea cruel y encarnizada. La vida se me escapaba poco a poco por la brutal herida que recibí. Tengo en mí tantos colores, colores que se van apagando en esta espesa y desesperante oscuridad que con delirio comienza a besarme. Levanté mi mirada vidriosa, y pude ver a un ser deforme que se me acercaba gateando de manera grotesca, ya a pocos metros, se irguió tomando nueva forma.
Se acercó a mi cuerpo malherido y me sostuvo entre sus pálidos brazos, hace rato ya, que el dolor intenso me asfixiaba como látigo y había terminado por convertirse en entumecimiento y sopor. “¿Cómo se vuelve del adiós?, preguntó con voz celestial y cantarina, la que luego se torno en un horrible alarido que destrozó el paisaje, lo pintoresco (lo poco pintoresco) del lugar. “Seremos carne de la nostalgia y no ha de importarnos, es un alivio haber vivido tantos años para llegar a este instante” le respondí en un susurro, parecido al aliento de esos pájaros que no vuelan ni vuelven.
“Me resbalé de sus manos y caí a sus pies, con los ojos hundidos en un pozo que me tragaba, caí como la sombra de una pena. Aulló su abandono, mientras observaba como ese sueño sin cumplir se desangraba ante los ojos de su dueña. ¿Qué sabía yo que ella no, qué secreto nos pertenecía? No existía como ella, no existía, pero estaba allí, la había visto, me había visto, porque habíamos cruzado delante de un espejo en el oscuro corredor de nuestra casona olvidada.

Antes que el viento sacudiera nuestros huesos, nos encaminamos al bosque, en donde sólo el silencio de una silueta se marchaba para siempre”.

ENTONCES, OCURRIÓ...




Avanzaba a través de la noche, en el silencio, la luna lo guiaba a través del solitario camino. Entonces oyo una carcajada dantesca que lo ocupó todo, su piel se erizó. Detuvo el paso y allá a lo lejos, entre mar de árboles pudo adivinar figuras, más que figuras eran sombras irreconocibles, que comenzaban a acercarse, tratando de rodearlo y atraparlo; Consiguió zafarme entre tirones pero aquellas sombras lo siguieron y a la luz de la luna pudo notar que todas se le parecían. Para sobrevivir a aquella pesadilla, golpeo a muchos de sus fantasmas; Ya corriendo en dirección opuesta a lo que en principio era su rumbo, en la lejanía los ecos de risas lo golpeaban junto con el frío viento, hasta que cesaron, entonces supo que ya todos sus miedos habían dejado de seguirlo y al fin pudo recuperar el silencio.

PALACIO DE CUERVOS







Estaba cansado y con la expresión de siempre. ¿Cuánto llevaba así, consumiéndose en la certeza del sinsentido de este juego?
Entró al baño, se miró al espejo, y ahí estaba el mismo rostro devolviéndole la mirada; Compañeros inseparables, su reflejo y él, mostrándose entre compasión y burla.
Con precisión en sus movimientos y las manos y después la cara –quería estar presentable para el último acto de la función-.
Vagando sin aliento por su propia mente, cayó al precipicio de su nostalgia, y en esa fría y silenciosa noche, olvidándose de la distancia, decidió convertirse en el fantasma de sus recuerdos, enredándose entre palabras carmesí, nunca se sintió más vivo que cuando ya se le cerraban los ojos y despertaba en su única realidad: la de los muertos.

miércoles, 8 de mayo de 2019

LAS GARRAS DEL DIABLO (HARPAGOPHYTUM)





Lo supe desde el último segundo en que te sentí, las cosas se venían desde hace algún tiempo; Yo te observaba con mis ojos, perdidos en ti, en tus manos, en tu cabello, en tu voz. Tú, me mirabas vacío.
Te sujete con dedos temblorosos y ya no eras, mi lágrima no alcanzo a rozarte. Mis labios te pronunciaban locos pero ya no estabas, bajé la cabeza y sólo me quedaron un montón de recuerdos, manchados en tinta, sangre y sueños que nunca se cumplieron.
Los atardeceres que predecían noches de eterna angustia, me aplastaban, me sofocaban…Debía ir, tomar camino y verte, aunque eso me significará el golpe que no quería recibir. Nunca me atreví a deambular por esos lugares, no conocía, pero agarré marcha y con el torbellino en mi interior, fui.
Quería encontrarte solo, porque enfrentarte ya me ponía nerviosa, pero que hubiesen más mirándome me volvería irritable. Me acerqué y el cuchicheo no tardo en llegar a mis oídos, a los que hice, caso omiso.
“Debió odiarlo mucho, siempre le trae esas horribles flores, pero es extraño, las antiguas no las tira, se las lleva con ella”.
Una vez me dijiste bromeando, cuando aún no sabíamos de tu enfermedad: “No tendré tumba, pero en el caso que la tuviese, llévame las flores más horribles que encuentres”, no pregunte el porqué, ya sabía la respuesta.
Y agregaste que cada vez fuera de visita, me llevará conmigo las flores podridas, así siempre tendría un poco de ti.
Y así fue por aniversarios de aniversarios, hasta que llegó el día en ya no pude ir. Ahora, desde esta insania que a ratos luce cuerda, me pregunto tristemente: “¿Tendré que seguir preocupada por si alguien sabe el secreto de los dos? O ¿estarás observándome desde ésas del jardín?”; Y así pasan mis pocos días pensando con constancia cuando veo a las horribles y olvidadas que nadie más quiere cuidar en el huerto de este asilo, ya que a los que se han atrevido a hacerlo, se los ha llevado con ellas hasta las profundidades en donde tú esperas con olor a fantasma.

lunes, 6 de mayo de 2019

ESTA NOCHE EL AGUA CAE A GRITOS




Había cubierto todos los espejos, había sacado todo ángel o figurita que se enclavaba en las esquinas, porque ahí dicen que nos vamos cuando partimos de este mundo. Tenía que dejarte ir, no quería prisioneros en mi casa.
El sepelio no había estado de lo mejorcito, mucha vieja llorona, y yo, que sólo quería masticar mi tristeza en solitario. Tantos sobajeos de espalda, tantos "cualquier cosa que necesites cuenta conmigo"...Que odiosa suele ser la gente a veces.
Por fin, después de tantos cuchicheos y desfiles desde el comedor a la cocina en busca de café, por gente a la que ni conocía. Me dejaron en paz, en el silencio abrumante pero necesario; La cabeza me daba vueltas, puede que entre copita y copita ofrecida se haya hecho el litro de vino.
Afuera, llovía copiosamente, hace un par de minutos se había largado con todo. Que relajante era oír el golpeteo del agua en los cristales del ventanal. Me había ovillado en el sofá, donde pasábamos horas y horas, discutiendo de películas o simplemente, disfrutándonos sin palabras, con los dedos entrelazados bajo la frazada. Sucedía que era una de esas noches en la que se necesita de compañía, y tú no estabas aquí.
Mis ojos no te lloran, nunca te llorarán. Sólo que te sufriré como dije que lo haría el día llegado, desde el alma (en caso de que exista).
Nunca sentí tanto frío como hoy, me atravesaba los huesos, me taladraba en lo hondo del tuétano.
Te amo, te seguiré amando hasta cuando ya ni el recuerdo de tu sombra me quedé.
Me sumí entre sueños y pensamientos y al abrir los ojos, estabas a mí lado, recostado. (Nos acomodábamos como se podía en el viejo sofá). Estabas a mi lado, aún era de noche, aún llovía. Pero estabas junto a mí, y no sé porque.
Lo descubrí a la mañana siguiente cuando el estridente grito de la señora que venía los Viernes a limpiar me sacudió hasta la última molécula. Me miraba extrañamente asustada, con los ojos brillosos y con una mano tapaba su boca.
Quise quedarme contigo para siempre, ahora vivimos en la habitación cerrada que servía de bodega y nos movemos de aquí para allá, con ancha libertad, tenemos la vía. El espejo que oculto entre cajas y catres desarmados, se me olvido cubrir.

miércoles, 17 de abril de 2019

LAS NOCHES DEL OLVIDO





La recuerdo así entre niebla, yo tendría unos 6 ó 7 años, pero recuerdo esa voz que vuelve a sonar rasgando mis noches, esos ojos que intentaban averiguarme y esos labios que me pronunciaban a ratos como queriendo devorarme y fundirme a su interior.
Yo tendría unos 6 ó 7 años y recuerdo sus paseos nocturnos por los pasillos silenciosos de su casa vacía, y donde ese silencio de sus noches en vela le pesaba demasiado. Y la recuerdo como un cuerpo tembloroso, hecha de un suspiro eterno, tejiéndose la vida desde dentro hacia afuera, compenetrada en una tristeza inexistente, entre mil horas y mil días, reviviendo de una muerte olvidada y una vida miserable.
La recuerdo así entre niebla, yo tendría unos 6 ó 7 años, pero la recuerdo envuelta en sus negros, antiguos y pesados ropajes, llevándome de la mano por todos los recovecos oscuros que en un alma en pena puedan existir, me llevaba anticipándome a mi destino.
"La vida transita en muchos mundos y éste es el mío..." me dijo mostrándome un lugar estrecho y grisáceo, donde languidecía eternamente, abandonada ante un espejo junto a los últimos retazos de luz que se encendían en el horizonte para luego agazaparse en las noches del olvido, con todas las lágrimas del universo, aferrada como luna al mar.
La recuerdo así entre niebla, yo tendría unos 6 ó 7 años, pero recuerdo la última vez que la vi cuando trataba de desaparecer de mi memoria con el rocío de la mañana, mientras el roce contra el suelo de sus faldones manchados de orgullo y pasiones, me hicieron verla como jamás la había visto, azul y distorsionada, distante, construida de gritos y con el cráneo abierto, una total pesadilla que no me dejó dormir durante años. Yo tendría unos 6 ó 7 años, pero aún me queda su huella marcada en mi razón y en mi corazón.

...Y así fue como conocí a mi madre, que encerrada tras esa puerta que me prohibieron abrir, esperaba por mi, para mostrarse y mostrarme de donde veníamos; el mismo lugar, una junto a la otra, difuntas mancilladas, compartiendo el mismo aire nauseabundo bajo la pesada losa de mármol de aquella maltrecha tumba escondida entre la maleza del jardín de la gran casona abandonada que estaba a días de ser demolida para dar paso a un moderno edificio de departamentos.

martes, 9 de octubre de 2018

EL DISTANTE CONSUELO



Se acercó a la ventana, casi al borde de la cornisa, esa fue la última vez, que vio el antejardín...

Corrían los años 60, era una familia acomodada la que acaba de llegar al barrio, quizás la más pudiente de las que por esos lados existían. El padre poseía una empresa importadora de productos europeos, los que luego comercializaba en la zona; Su señora esposa sólo se dedicaba a la beneficencia y a asistir a sus hijas en sus clases particulares. Bernardita era la mayor, de larga y ondulada cabellera, que brillaba como el maíz bajo la luz, ojos transparentes dignos de una oceánida, de voz dulce y muy femeninos modales, como se les suele educar a jovencitas de esa alcurnia. Isabel, la del medio, tal a su hermana mayor, pero aún se encontraba en proceso de reconversión. Y por último, estaba Clara, la menor, la “vergüenza” de la familia. La pobre niña había nacido con problemas psicomotrices y de aprendizaje, podría decirse que estaba en la categoría “idiot-savant”.
En los primeros años, Clarita, como le decían, corría de aquí hacía allá, a sus anchas, sin prohibiciones que luego con el correr del tiempo le fueron impuestas. Duras prohibiciones, sobre todo cuando no se comportaba ni se mantenía en su papel de “niña bien”, en eventos sociales. La madre y las hermanas no sabían como contenerla, Papá, no se metía mucho en cosas de ese tipo, ya bastante ocupado andaba con sus negocios.
Al llegar los castigos, ella no entendía que había hecho mal, no comprendía porque la trataban así. Sólo lloraba en silencio, encerrada en la habitación, mientras oía música y risas de lo que se celebraba en el piso superior.
Cierto día, todo cambio, pero para peor. Ya, Bernardita estaba pronta a sus 15 años, edad en que son presentadas en sociedad. Se le había confeccionado un vestido espectacular, el salón en que se celebraría estaba de punta en blanco, hasta el caballero designado se había elegido con cuidado. Todo estaba impeque, como se dice.
Clara, del momento en que vio al acompañante Bernardita, no pudo contenerse en su asiento. Sus torpes pasos se enredaron en el vestido de su hermana, y ésta cayó de bruces provocando el espanto y sorpresa de las señoras presentes. La madre agarró fuertemente a Clarita del brazo, y entre sonrisas avergonzadas la llevó fuera del lujoso recinto, la empujó dentro del automóvil familiar y ordenándole al chofer que la llevará hasta casa, no espero que el vehículo se alejará, entró apresuradamente de vuelta al salón. En la mansión, Clarita fue recibida por una de las criadas, la más vieja y quien le tenía bastante compasión. La mujer la baño y le puso ropa limpia.
Horas más tarde llegó el resto de la familia, la madre corrió escaleras arriba a enfrentar a su hija menor...Clarita quien en esos instantes jugaba con su muñeca favorita, tuvo que soltarla al verse zamarreada por su madre. Por esa carita con evidentes rasgos  de vergüenza, resbalaron varias lágrimas, y entre su “estupidez” lograba dar explicaciones entrecortadas por su voz gangosa. No hubo miramientos.
Desde esa tarde, la hija menor de la familia de apellido extranjero, fue confinada a una habitación que se le preparó en lo alto, la buhardilla. Ya no hubo apariciones ni en sociedad, ni familia; Aunque si breves visitas de sus hermanas, la madre (de vez en cuando), el padre (casi nunca) y la que permanecía siempre a su lado era la vieja criada.
Clarita desde su única visión del mundo exterior, observaba como el que había sido el acompañante de su hermano en el trágico evento, ahora se convertía en una especie de novio.
Ella sabía sentir más que los demás, lo que le hacía poner impotente era el hecho de no poder comunicarse, de expresar sus ideas fluidamente. Pensaba que la única en entenderla era Domitila, la criada fiel. La sentía por las noches acercarse a su cama y arroparla, acariciarle el cabello con amor de madre. En ese encierro paso otros tres años. Tres eternos años, y cada vez en su interior se acumulaba experiencia, experiencia que le era entregada por los pocos libros que en un estante al otro lado de la buhardilla descansaban, por sus observaciones y extensos análisis que le hacía a los diversos bichitos que pululaban por ahí.
La primera vez que trató de sentir algo más que encierro, abrió la ventana de par en par, se acercó a ella y cerró los ojos; Pero desde abajo le observaron con horror, creyendo que “la tontita” (como ya había escuchado antes referirse a ella), se lanzaría...Le clausuraron la luz, esa fue la última vez que vio su antejardín. Le fue fácil atrapar ese cuadro con tantos colores, pues era primavera.
...Esa casona fue pocas veces habitada luego de la muerte  de todos los miembros de la familia. Los que allí moraron, dicen que dentro se sentía un frío horrible, aún puesta la calefacción al máximo. Pero lo más desesperante de vivir allí, era esa tristeza infinita impregnada en los muros, esas sensaciones de abandono y soledad...Dicen que una vez, vieron a una niña que desde lo alto de la escalera le saludaba sonrisa en rostro inocente.