domingo, 22 de febrero de 2015

EL DISFRAZ DEL CAZADOR ARREPENTIDO





"¿si dormimos en este momento, nos soñaremos como de antaño?"

Al borde se encontraba casi a punto...Hasta que sintió fuertes dedos sujetándola. Una sonrisa y el brillo de esos ojos tristes fue suficiente para que desistiera. Se sentaron en la acera y hablaron por horas, descubriéndose mucho más del alma. las palabras ya no existían, ahora eran sensaciones que volaban demencialmente alrededor de ellos.
El frío los hizo dejar la calle y abandonarse entre sábanas y piel....Una piel que parecía eterna.

...Ahora meses más tarde y sólo un segundo de oscuridad, le bastó para volver a ver con la frialdad que la caracterizaba...Ésa, que él le quitaba a ratos, y ya a punto de salir por el gran portón de la casa de la risa, tenía muy claro lo que haría..
...Aguardo el anochecer, cobijada de árbol en árbol, ya las horas la llevaron hasta él. Parada frente a la puerta de su casa, supo que no estaba solo, eso quería, tenerlos a los dos.
Suerte la suya de abrir la puerta como en las películas, con una simple horquilla; El pequeño pulgoso no le ladró, ya la conocía, hasta la saludo. Ella le sonrió mientras acariciaba la cabeza. Lo encerró en una habitación.
De paso en paso por el corredor, los sonidos de placer se hacían más audibles. Entró sigilosamente por el invernadero y llegó al dormitorio y los vio, revolcándose como animales. Apretó los puños y comenzó a temblar, dejando aflorar todos esos gritos que guardaba silenciosos desde la última vez que hablaron, desde la vez que la "depositó" en ese horrible sitio, plagado de almas podridas.
Ella se dio cuenta de su presencia y él con expresión de desconcierto, trataba de disculparse ante la nueva acogida. Se acercó, y agarrándola por el pelo la lanzó contra el armario, desnuda como estaba se arrastro a la puerta, pero le bloqueó el paso y le pateó las costillas, tan fuerte que quedó ahogada un rato entre toses.
Él, decidido se paró y la agarró de las muñecas, y ese momento pudo percatarse del cuchillo que tenía, la miró estupefacto como diciendo: "¿qué te ha pasado?...eras dulce". No pudo responderse desde dónde diablos sacó fuerzas pero lo empujó contra la pared, acto seguido se agachó a donde estaba ella, la miró un rato largo a los ojos y se rió en su cara, ella a esas alturas, lloraba.
La agarró del pelo y arrastrándola fuera de esa habitación invadida de olores sexuales, le pateó hasta dejarla casi inconsciente, trató de defenderse, pero eso exaltaba más la ira de "la perdida". Luego fue por él con el cuchillo en mano, ya no sentía nada, y estaba segura que actuaba por inercia. Lo miró, la miró. ¡Y en el colmo de todo, trató de sobornarla con caricias y besos!...Le arrancó los ojos de cuajo y se los llevó para que ya no mirará a nadie más, ni siquiera a ella misma; También se llevó su corazón...Y ahí quedó, desangrándose en el suelo,, pero vivo, no quiso matarlo. Quería que sufriera, que la tortura fuera eterna, lo que ella encerrada en soledad había sentido, pero con un grado más de salvajismo.
A ella se la llevó a un sitio alejado y sin pensarlo dos veces le clavó el cuchillo en el pecho, en la cabeza, que se la destrozó a puñaladas y el corazón, se lo dio de comer a unos perros vagos que rondaban el sector.
El otro corazón se llevó a cuestas al lugar en donde comenzó todo y al que sabía que en tiempo no regresaría. Con la sangre que había perdido entre torrentes de miradas, llegó al lugar maldito, dispuesta a deshacerse del remanente de sentimientos que aún le quedaban, a enterrar en lo más profundo de la tierra, su amor por él.
Horas más tarde, alguien le leyó una nota que estaba media arrugada sobre la cama:
"Ya sabes dónde encontrar tu corazón, estará junto a toda esa pasión que te entregué. Pero tendrás que usar las manos, porque ni pala te dejé."

miércoles, 4 de febrero de 2015

A NO OLVIDAR, OLVIDAR


Oliver había nacido en el circo, su madre había sido sacrificada a las pocas semanas de él haber llegado al mundo, las leonas fueron sus nodrizas.
Oliver, fue criado entre viajes, risas,  amigos humanos y amigos de otras especies. Se llevaba muy bien con Dulce la monita titi, que ayudaba en el acto de magia al payaso Antoneto. Luego de cada función, ella se acercaba a la jaula y le contaba como era el olor de los niños, cada uno tenía un perfume distinto,  lo que le disgustaba era que la agarrarán en cada momento cuando se tomaban las fotos del recuerdo. El elefantito nunca había conocido a un niño de cerca, a él lo dejaban en el centro del escenario y no permitían que se acercará demasiado al público; La primera vez que trató de hacerlo (porque vio una manita que se agitaba en el aire, un saludo infantil pensó él), sintió una fuerte punzada en su costado izquierdo, retrocedió y vió la cara de su domador que sonreía entre aplausos. Desde ese momento el joven Oliver supo que no era su derecho conocer a personas ajenas al circo, ni siquiera a los niños que viajaban con él en la caravana, una vez quiso acariciarle con su trompita el cabello a la hija del contorsionista, pero a lo lejos divisó a su domador y retrocedió pocos pasos en su jaula hasta internarse en las sombras.
Así siguieron sus años en el circo, hasta su domador murió, y llegó otro reemplazante, una persona malvada, él lo supo desde el segundo en que se paró frente a su jaula y le dijo:
- Eres un bicho más…Nada que no pueda controlar –
Oliver ya era adulto, amigos humanos ya no tenía y entre los animales varios habían partido. Le enseñaron nuevos trucos, algunos difíciles de hacer a la primera, el nuevo domador se encargaba que de que aprendiera rápido. Tanto fue así que una vez no hizo su número porque estaba muy enfermo, le dolían las costillas y no se podía mantener en pie, tenía mucha fiebre, pero al día siguiente tuvo que pararse en el escenario y esforzarse por cumplir en su trabajo.
Antoneto a veces lo iba a visitar, pero en la mayoría estaba ebrio y si no le cantaba, le lloraba. Pero Oliver no se quejaba, no le importaba el olor a licor barato, porque al menos durante pocos minutos tenía una compañía.

Era el día del gran estreno, eso había escuchado por semanas, llegaban a una nueva ciudad, una más grande y con más público, más niños y más ganancias; Porque ahora también, aparte del circo, habían montado otro negocio, luego de las funciones, se podía seguir disfrutando en la pequeña feria con juegos y dulces.

Antes de cada función, como era costumbre de su domador se acercaba a la jaula, y con látigo en mano, le advertía que siguiera sus instrucciones. Ya estaba cansado del trato que recibía, cada uno de los golpes los tenía grabados con día y hora. Y llegó el momento del acto de Oliver, esta vez le pusieron un cuello de encajes, y así fue dirigido hasta el centro del escenario, los primeros minutos lo hizo bien, hace días sus patas le estaban fallando, y cuando se tuvo que sostenerse en una, no pudo y recibió una horrible punzada en sus costillas, Oliver entre el dolor e ira, lanzó una trompada a su domador haciéndole que éste cayera de bruces y soltará el látigo y el otro instrumento de tortura. Entre la expectación de la concurrencia, el elefante pisoteó al hombre caído y salió de la carpa lo más rápido que pudo, entre gritos, llantos e inútiles esfuerzos por contenerlo.
Oliver huyó sin rumbo fijo, se alejó entre frondosos bosques. Escondido entre el trinar de pajarillos y la humedad de los árboles, sabía que lo buscaban, incluso llegó a temer aquella noche en la que sintió disparos al aire y varias voces acercándose.

Varios días estuvo en busca de comida, hasta que encontró ese lago y supo que ese sería su hogar. Por las tardes, cerraba los ojos y volaba junto a las aves, cuando los abría ya era de noche y conversaba con los grillos y las mariposas, se tendía entre hojas secas y era una ardilla o una liebre. Podía ser muchas cosas a la vez, tenía esa capacidad.
Tiempo, no sabe con certeza cuánto, pasó por él. Sus días los hacía entre el bosque y el lago, y poco a poco se sintió observado desde el frente.

Muchas personas acudieron al lugar, tras haber escuchado la leyenda del elefante que vivía en un bosque que estaba en medio de la ciudad, necesitaban comprobarlo. No entendían lo que hacía cada mañana, se paraba a las orillas del lago y agachaba la cabeza por varios minutos, cierta vez estuvo así por casi una hora.

Oliver, era muchos animales, ahora sólo sabía de las criaturas del bosque, no recordaba nada más, ni siquiera sabía que era él. Por eso cada mañana se acercaba al lago, y observaba su reflejo en el agua, tratando de reconocerse a cual de todas las criaturas a su alrededor pertenecía.
“¿Qué es lo que soy?”, se preguntaba todos los días.

domingo, 28 de diciembre de 2014

BESOS DE SANGRE



Regresé al lugar de los hechos después de meses de lo ocurrido, necesitaba recuperarte, guardarte en mi baúl de recuerdos sepias.
Nuestra última mirada, tus ojos en los míos, esa lágrima mutua, sentimientos mezclados, el adiós que pensé que sería el final de todo.
El cuchillo que hundí en tu pecho una y otra vez, como tratando de borrar esas palabras eternas. El brillo de tus ojos se extinguía y yo me despedí con un apasionado beso en tus labios que burbujeaban sangre; Te corté los brazos y las piernas, te envolví la cabeza en una bolsa negra de basura, solamente al descubierto dejé tu torso como queriendo recalcarme lo que ya hace tiempo se había acabado, como tratando de grabarme esa imagen de tí, un tú que se escapaba de mí, de mis brazos, de mi piel...
Hace días había estado buscando sitios en donde ponerte, encontré uno muy cerca de nuestra casa, entre matorrales y poco frecuentado. Te llevé a rastras a eso de las tres de la madrugada, entre el silencio, los bichos y el viento, avancé a tropezones en la oscuridad; Con la mirada perdida, cubierta de sangre, sudor y lágrimas, sólo llantos sordos. No cavé muy profundo, mis manos no daban más, muy pedregosa estaba la tierra. Te miré con tristeza y me encaminé a casa, tan cansada estaba que me quedé dormida en el sofá.
Los golpes desesperados al día siguiente me arrancaron de mi sueño. Al parecer no fui lo bastante cuidadosa, hubieron testigos de nuestra despedida...
Ya me han traído varias veces a este sitio, y aún no te encuentran...No podrán hacerlo jamás, tendrían que arrancarte de mi alma, porque de mis entrañas ya te esfumaste y estabas realmente exquisito.

sábado, 22 de noviembre de 2014

TRANCE


Era una vieja casona que a finales de los años 70s, sus grandes habitaciones habían sido modificadas, pensando en pequeños grupos familiares.
Ella ya había llegado hace un mes, pero aún no se mostraba. Todos se sentían curiosos por saber quién era, de donde venía. Pero el inquilino de frente al departamento 11, la conocía muy bien, ya que su ventana de cocina daba a la de ella. La veía moverse en las noches, desplazándose con tal gracia, que el sólo hecho de prepararse un café se convertía en toda una danza.
Pasaron varias noches en ese ritual, ella quizás ya tenía conocimiento que del otro lado había un espectador, las danzas cada vez se volvían más sugerentes, más evidentes. Él, un hombre de 30 y tantos, anclado bastante tiempo en una soltería sin libertinajes, se vio tentado por esa mujer, que le pareció inmaculada apetitosa.
Dejó pasar al menos otras 4 semanas antes de presentarse como es debido ante ella.
El secreto no ha de divulgarse, no quería tener que lidiarse con la competencia que de seguro aparecería.
Llegó la noche acordada con su sombra, la noche en que ambos verían ojos a ojos a la apasionante inquilina del departamento 11. Tocó a su puerta, llevando una botella de vino en señal de bienvenida. Al momento de abrirse ésta, el impacto fue tremendo, no podía creer que mujer tan hermosa viviera sólo a metros de él. El cabello rojo como ondulado fuego, le llegaba más abajo de los hombros, la piel pecosa era una invitación a cometer canibalismo, esos ojos verdes le miraron con destellos de misterio, y los labios con el rosa natural se curvaron en una sonrisa. Lo invitó a pasar, él ya estaba entre ansioso y descolocado.
Dentro, en la morada de la diosa, reinaba el frío más indescriptible que él hubiese podido sentir antes, a pesar de la estación, tanto frío no se justificaba. Se encogió como tratando de conservar el poco calor que le quedaba en el cuerpo. Ella se dio cuenta y encendió la calefacción, una maltrecha estufa a gas.
Descorchó y sirvió, hablaron de varias cosas. Ahí se enteró que era profesora de inglés, pero que estaba con licencia por esos meses, esperaba a terminar el tratamiento. Entre risas, historias y cómplices miradas, no tardaron los besos, los abrazos, las caricias que los llevaron al dormitorio. Se entregaron más en cuerpo que en alma; La verdad es que él, no pretendía involucrarse con alguien tan pronto, aún en su interior ardían sentimientos encontrados por la última pareja a la que dejó plantada en la estación de buses. La muy maldita, le había sido infiel…Y ¡con su mejor amigo!, no perdonó ni a amigo, ni a pérfida. El mejor consejo que en esos momentos pudo darle Despecho.
Y ahora muchos meses más tarde se sorprendió al verse enredado en los brazos de la pelirroja, que gemía y le llenaba de besos el cuello, el pecho y así hasta acabar en un frenesí.
Esa fue sólo la primera noche, le siguieron muchas más, luego también incluyeron días. Pero él siempre sin tomárselo en serio.
Llegó cierto día en cual él temía, ese día en que ella evidentemente había perdido la paciencia y le preguntó:
- Bueno, dime tú ¿qué es esto? ¿Estás enamorado, me amas? Nunca lo dices –
Esas palabras sonaron metálicas y lejanas, él no pensaba responder a nada. Minuto quince, ella despareció por el pasillo. Molesto él, salió de casa y volvió por la noche. En medio de la oscuridad, no le fue posible adelantarse a su destino, lo último que escuchó fue el rozar de pies en la alfombra.
Al abrir los ojos, se encontrado desnudo y atado a la cama; Amordazado no, tenía la lengua traposa era señal que algo le había inyectado la mujer esa, la de los cabellos rojos, la del misterioso brillo esos ojos endemoniados. Tenía frío.
Ella llegó con unas tijeras, y le cortó todo el cabello, dejándole calvo entre dolores, raspaduras y cortes. Los que ella lamió uno a uno, mostrando un enfermizo cariño.
Pero lo peor estaba por venir, tantas horas propinándole golpes a sus costillas, cortes en las piernas, quemaduras en los brazos, él ya se había vuelto insensible al dolor. Desde ese día no la volvió a ver y pensó que seguramente se habría marchado, porque no percibía ningún tipo de ruido por el departamento. Pero en un momento fue a rastras a la cocina por agua, y la vio del otro lado, besuqueándose con otro tipo.  Pero, ya no sentía nada por ella,  lo que ella le provocó en un principio fue sólo concupiscencia, la que se prolongó demasiado a su parecer
Fue el último día en el que ella se aproximó, lo beso y lo acarició con extremada dulzura, antes de producirle la ignominia postrera. Ahora está seguro que desapareció para siempre, pero al menos descansa de esa locura, mientras se desangra lentamente, abandonado a su suerte. Sin poder gritar, hasta la lengua le había cortado y sacado las cuerdas vocales.
Mira con cierta nostalgia esa parte de su cuerpo que yace separada hace dos días, desde la última noche que tuvieron en la que ella, la diosa de cabellos rojos, procedió a castrarlo, al tiempo que lo besaba con más ternura que nunca.

lunes, 13 de octubre de 2014

UN VIAJE SOBRE LA PROPIA SOMBRA...


"Hasta que paso... Se volvió completamente ..."

Vivimos albergados en tu sombra, sorbiendo tu dolor, cantando angustias. Buscamos alegrarte el paso de las horas visitando quimeras y lunas sumergidas, catedrales góticas y soles de estío..., No quisiste darnos un nombre, pero nosotros nos autoproclamamos como Legión, somos muchos.
Y llegaron los doctores. Se dijeron tus amigos, pero te tenían a punta de voltios. Te desnudaban para entrar en tus más íntimos rincones y encontrar que  eras inmanejable, salvaje como un gato acorralado.
Entre las paredes blancas del encierro, averiguamos que el tiempo era flexible. Aprendimos que el temblor en las rodillas también era nuestro cuerpo y el dolor podía separarse de la entraña y disgregarse. De remolino se nos hizo la memoria. La ventana hacia la calle era remota y el mundo nos pintaba de revés. ¿Qué había en la mirada del amor cuerdo cuando éste llegaba a visitarte y te rompía en mil pedazos para luego tener que remendarte?
Si pudiéramos recobrar cuanto los electrochoques nos robaron, habría un nuevo universo ante nuestra puerta. Pero los jirones de tu recuerdo que nos quedan son sólo ecos minerales, destellos inconexos.
Bienvenida a los benévolos calmantes y al carrusel interno que trepaba por tu sangre, y que acabó por detenerse. Nos encontramos en el silencio y nos volvimos murmullo. Le decías a todo que sí, que buenos días, por favor y muchas gracias. Te sentaban a la mesa con gente decente para terminar hablando de tus tratamientos y del último grito de la moda. Habías olvidado que la música a veces era verde transparente y que el tiempo resbalaba como en burbujas.
Era inevitable que llegase, el tiempo, las circunstancias, muchas y extrañas circunstancias; Alejaron de tu piel a esa mano que amante te acariciaba el cabello mientras dormías. Lo viste de lejos, agitarte la mano y decirte adiós, o al menos eso creíste. la verdad es que nosotros lo vimos desaparecer por la calle, sin siquiera voltearse un segundo a contemplar a la enloquecida.
Te confesamos que lo vimos un par de noches dormir sentado, sosteniendo entre las manos una pequeña pistola, te tenía miedo, por eso se largó. Como no nos creíste, te pusimos frente al espejo y te mostramos...Y en esa verdad se coló el oculto juego de infidelidad en que él y la vecina de frente participaban. Caíste de rodillas, con el llanto ahogado en un suspiro; Tuvimos que llevarte a la rastra hasta la ducha. En el ir a buscar toallas con que secarte, ni cuenta nos dimos de donde diablos sacaste el cuchillo y en que momento te lo clavaste en pleno pecho. Y el mundo se te vino abajo. Te quebraste y nos llevaste en línea recta hasta el infierno, al desierto en tu corte de espejismos, al nombre más profundo de la tierra. Te desplomaste y mezclaste en tu propia sangre. La calidez del ritmo persistente se abrió paso hasta tu corazón.
Conocimos tu pensamiento final: "Me rompiste la cabeza, como si tratarás de entender lo que me había pasado. Y luego me trajiste aquí...¿Por qué, para qué?".
Y así nos diluimos en tus gotas de sal roja, esas últimas lágrimas bien lloradas; Con todo que somos Legión y somos muchos...¿Por qué nunca quisiste darnos un nombre?

domingo, 7 de septiembre de 2014

LA CANCIÓN DE LA CARNE



Lo que turbaba no era el silencio, eran esos ojos que le miraban como posesos de tristeza, desde el otro extremo de la habitación, lo que le atormentaba era esa piel que se fundía a la blanca sábana tendida minutos antes.
Acurrucada criatura, que se pegaba contra la pared, con las uñas enterradas en las mejillas y el pelo pegoteado de sudor. La tenue luz que lograba entrar a través de las carcomidas tablas de la ventana, iluminaba la soledad en su estado más puro, destacando toda la pasión que en horas transcurridas de ese día, fue único motivo por el que la había hecho acudir a la cita.
Y ella había llegado puntual, reluciente en su vestido de domingo, y su sonrisa de santurrona. Habían quedado en que ese sería su último encuentro, ya no daba para más.
Él, noches dándole vueltas y vueltas a tan ansiada velada, ella, desesperada para que llegará tan dichoso día y así deshacerse por fin del parásito ése.
“Y ahora muestra los dientes en esa maldita y fingida sonrisa de puta arrepentida”, se dijo él para sus adentros mientras la tomaba por la cintura.
Ella se dejó llevar hasta la cama, más bien lanzar sobre el desorden de mantas. Tiró del lazo que sujetaba la parte superior del vulgar vestido, y dejó al descubierto el sostén de encaje. Él se apresuró en descalzarse de las botas y deshacerse de sus pantalones.
Ya no quería "amor", quería venganza. Se lo podría hacer como a una puta barata que encontró en una esquina hace meses atrás, y a cambió de unos cuantos billetes, tuvo ese orgasmo que necesitaba.
Ella sonrió sin siquiera pensar lo que le esperaba, pero pudo adivinarlo en cuanto ese bulto de carne malparido se le tiró encima con sus 73 kilos y comenzó a estrangularla, ella hacía ruidos sordos e ininteligibles que él tradujo como palabras de auxilio.
Mientras más sentía ese cuello en sus manos, más próximo al éxtasis estaba. Pero no extinguió esa vida de bicho rastrero que tenía entre sus dedos. Ella lo golpeó en el pecho y deshaciéndose en toses logró bajar de la cama y arrastrarse hasta la puerta, pero cuando quiso abrirla, con horror notó que no había pomo del cual girar; Entonces se arrinconó contra una esquina de la habitación, tosiendo y agarrándose el cuello. Él se acercaba lento pero seguro hacia ella, descalzo con el pene erecto y una sonrisa sádica de oreja a oreja.
Ella giró la cabeza desesperadamente varias veces tratando de encontrar una salida.
Pero él ya se encontraba casi rozándola, se agachó y le apretó la mandíbula como queriendo forzar la mueca de un beso. Ella lloraba ruidosamente, la agarró del brazo tirándola hacia él, la mujer miró de reojo y se percató que la erección había desaparecido y que ahora ese miembro colgaba fofo entre las piernas peludas.
- ¡No era por ti, perra, no era por ti!- Le contestó él descifrando esa mirada.
Al final y después de tanto jaleo logró atarla a las patas de la cama, con una cuerda que había recogido en la playa y pensada enfermamente especial para estos casos.
En las muñecas de ella, hilos de sangre comenzaban a correr, el vulgar vestido a flores lilas y fondo blanco lo tenía pegado de sudor al cuerpo.
- ¡Deja de llorar, puta, no soportó tus chillidos!- Le gritó lanzándole una patada de talón en las costillas, ella se encogió y tosió.
Al parecer ella se desmayó por unos minutos porque cuando volvió en sí, él se encontraba mirándola con un destornillador en la mano. Y de ahí, no recuerda más…Sólo que a los tres días después la encontraron amarrada de pies y manos al viejo catre y con sus ojos mirando al vacío, perdidos como buscando respuesta…Respuesta, que nunca llegó.

GAVIOTA ANACREÓNTICA



Meses sin dormir, atrapada en un sueño sepia. Quiso arrancarse los ojos para sólo ver oscuridad, y lo hizo, pero al hacerlo le llegaban con más fuerza esas imágenes de estivales encuentros.
Y mientras la sangre de ojos arrancados le resbalaba por la cara, sentía que con aquel líquido se le iba todo...En esa ansiada espera se vació su ser, pero terminó por convertirse en nada por la ausencia de respuestas, cada letra sería un signo y un suspiro.
En las oscuras y silenciosas noches en su cabeza galopaban con fuerza, sonidos y besos, fríos, soles, sopores etílicos y secretos que en cuatro paredes se guardaron. Más ya no tenía cabida otra cosa que esos ojos que algún día le miraron lujuriosos, deseosos y enamorados o algo parecido, esos ojos que hoy se tornaban distantes y malvados, y aquella indiferencia de ese mirar la estaba volviendo indiferente a ella también, borrando poco a poco todo lo que una vez le habían implantado muy en el fondo.
A veces tenía esa insistente necesidad de sacarse la piel a tirones para sentirlo como un dolor real, pero eso sólo se hace cuando se piensa que todo es culpa de uno mismo...Y ella no se sentía tan culpable, más bien, usada, engañada y el que debía sacarse la piel a tirones era otro y no ella.
En el camposanto aquel, quedo impreso un juramento, pero sólo eran hechos que se debían al calor y la soledad de esos tiempos. Para ella lo firmado con eternidad aún seguía vivo, ella no esquivaba desafíos, a pesar de sus ojos arrancados y su carne apaleada y preparada para dirigirse al matadero.
Seguiría persistiendo esa insomnica pasión, rasguñándole el alma con dedos filosos e insistentes.
¿Le llegarían esas letras que se convierten en signos y suspiros alguna vez? Y sólo con la llegada de aquella señal, la ansiedad dejaría en paz el alma y el corazón de la que espera a través de mares y horas.

Sólo una letra y todo acabaría...